
El amor y la magia han sido una constante en la literatura, un motivo fundamental , una fuente de inspiración que ha impregnado páginas de grandes e inolvidables obras fundamentales de la literatura universal de todos los tiempos ( y de las que hablaremos, por supuesto)... De amor y magia os quiero hablar en esta ocasión, y qué mejor ejemplo que el microcuento de un gran narrador (para mí, sin duda , uno de los mejores de la literatura contemporánea): el italiano _nacido en Cuba_ Ítalo Calvino. En él la magia obra el milagro: el amor _ese que persiste incluso después de la muerte_ ata a Carlomagno al recuerdo indeleble de su joven amada y al lago de Costanza. Angie querida: ¿hasta cuándo pospondremos este viaje _necesario_ a la Selva Negra y a este lago, escenario de una historia tan bella?...
"El emperador Carlomagno se enamoró, siendo ya viejo, de una muchacha alemana. Los nobles de la corte estaban muy preocupados porque el soberano, poseído de ardor amoroso y olvidado de la dignidad real, descuidaba los asuntos del Imperio. Cuando la muchacha murió repentinamente, los dignatarios respiraron aliviados, pero por poco tiempo, porque el amor de Carlomagno no había muerto con ella. El Emperador, que había hecho llevar a su aposento el cadáver embalsamado, no quería separarse de él. El arzobispo Turpín, asustado de esta macabra pasión, sospechó un encantamiento y quiso examinar el cadáver. Escondido debajo de la lengua muerta encontró un anillo con una piedra preciosa. No bien el anillo estuvo en manos de Turpín, Carlomagno se apresuró a dar sepultura al cadáver y volcó su amor en la persona del arzobispo. Para escapar de la embarazosa situación, Turpín arrojó el anillo al lago de Constanza. Carlomagno se enamoró del lago Constanza y no quiso alejarse nunca más de sus orillas".